El poder del mantra, el sonido trascendental

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Autor: Śrī Ranga Purī D

La concepción védica del sonido

El sonido es considerado un principio esencial de la existencia, es tanto el origen de la creación material, como su destrucción. Es tanto la causa de nuestro cautiverio, como de nuestra liberación. El Śrīmad Bhāgavatam (3.26.33), lo define así: “Personas eruditas que tienen verdadero conocimiento definen como sonido aquello que reporta la idea de un objeto, indica la presencia de un orador y constituye la forma sutil del éter, es un refugio de su significado”.

Nuestra concepción occidental del sonido es más limitada, porque no implica la cualidad de quien produce el sonido ni su efecto. En sánscrito, los sonidos primordiales se conocen como semillas bīja, y el alfabeto se llama akshara -de la «a» a la «kha» para sus 50 letras-, así como nosotros decimos de la «a» a la «z».

Música es aquella combinación melódica que complace y de la cual existe toda una variedad exquisita de acuerdo con el sentimiento, la circunstancia e incluso el momento del día. En la literatura védica se conoce a la música como rāga, una ciencia considerada sagrada y que se describe en gran detalle.

Para que la onda sonora pueda considerare como sonido debe existir un sujeto que la genere de manera consciente; en cambio, si es solamente producida por el choque de objetos, se considera ruido. El sonido puede generarse con una conciencia física, mental, intelectual o trascendental; y es la pureza del orador/sujeto lo que le confiere la potencia.

pranava oṃkāra

El sonido primordial es espiritual y no es diferente del Ser Supremo, el OM (aum), “la suprema combinación de letras”, es el sonido que representa la Verdad Absoluta. Sri Caitanya Mahāprabhu estableció el OM (pranava oṃkāra) como el mahāvākyas de los Vedas, porque dentro de Él residen todos los himnos védicos. 

El sonido sagrado es el hilo conductor entre el mundo material y el mundo espiritual, nos conecta entonces con el súper sujeto, el Ser Supremo, y esas vibraciones se llaman mantra, lo cual significa que liberan nuestra mente del cautiverio y sufrimiento material permitiéndonos experimentar la dicha trascendental del alma liberada. Los mantras nos conectan con la deidad que representan. Los infinitos nombres del Ser Supremo se llaman Harī nāma, o el Santo Nombre, y no son diferentes de Él; son idénticos.

Nuestro mundo ruidoso y agresivo

Como ciudadanos de una nueva era de comunicación masiva, estamos constantemente sujetos al abuso de los discordantes sonidos del mundo. Sin la posibilidad de vivir en un entorno natural, muchos de nosotros soportamos un asalto a nuestros sentidos todo el tiempo. Sonidos de bocinazos, frenazos, sirenas, máquinas, discusiones y gritos, música estridente y violenta, timbres de teléfonos y otras trampas modernas que entorpecen nuestros sentidos y gradualmente debilitan nuestras mentes y cuerpos. Por si fuera poco, la música popular es el eco de los mecanismos disruptivos que nos rodean. Sonidos estridentes de elevado volumen y mensajes obscenos reemplazan con demasiada frecuencia lo que podríamos considerar melodías musicales. Cabe señalar que los sonidos por encima de 90 decibeles dañan de manera permanente e irreversible nuestro sentido auditivo; y los conciertos y fiestas modernos típicamente oscilan entre 120 y 140 decibeles.

Ondas sonoras

Incluso la música ambiental o de fondo -la cual escuchamos sin prestar atención, penetra los intersticios de nuestra conciencia con efectos decisivos haciendo vulnerable nuestra voluntad. Esta capacidad de penetración del sonido es utilizada diariamente mediante la propaganda y el mercadeo (marketing), por lo que uno puede terminar comprando compulsivamente lo que no desea ni necesita, como ocurre en nuestro mundo consumista. También se utiliza el sonido en la guerra como una técnica para enervar el espíritu marcial con marchas.

En adición a ello, la palabra proferida ya no es sagrada, cada vez con más frecuencia se utiliza con fines negativos ¿Hasta qué punto las palabras devastan el santuario interno de nuestro ser? ¿Cuántas enfermedades, desajustes, desórdenes y hasta suicidios pueden provocar?

La ciencia del sonido

Todo el arte, la ciencia y la cultura pueden definirse como la energía creativa del sonido, la imagen, los sueños, las visiones, las ideas y pensamientos. Todo tipo de música influencia nuestro humor, sentimiento, actitudes y comportamiento durante nuestra vida en general. Una cascada puede producir un sonido más intenso que un motor a explosión, pero mientras el primero nos tranquiliza, el otro nos irrita.

La audición precede toda forma de organización celular. Nos guste o no, seamos  conscientes o no, esta fuerza vibratoria penetra en nosotros y se infiltra en nuestros sistemas, al interior de las células difundiendo su poder creativo o destructivo, dañino o beneficioso; volviéndonos más gentiles o más agresivos, generando paz o generando guerra. Tal como la misma electricidad que, aplicada de modo diverso, puede producir calor o frío.

El sonido ordinario y las palabras vanas deben evitarse. Los gurus dan el ejemplo del canto del sapo; que aunque es horrible, a él le parece melodioso, pero solamente atrae a la muerte que en la forma de la serpiente terminará con su vida.

El efecto de las vibraciones trascendentales

Este mundo fue creado por sonido. “En el principio era el verbo”; “lógos” (inteligencia divina) es la versión griega, el “verbum”. El sonido sagrado se origina en el mundo espiritual. La purificación de la contaminación psicológica debe venir necesariamente de la plataforma espiritual, de tal modo que transforme la ansiedad en tranquilidad, el temor en confianza, la ignorancia en conciencia, la pena en gozo, y la inquietud en serenidad. El sonido trascendental tiene este poder, adicionalmente, puede inspirarnos y aún transportarnos a una atmósfera supernatural, pacífica, feliz y plena de amor. Esta dimensión aunque imperceptible al ojo y oído materiales, es accesible a través de la práctica del canto de mantras y el sonido de melodías que se encuentran en los textos sagrados de los Vedas. Aquí todo es posible, una oportunidad de redescubrir nuestro ser interior.

El conocimiento de la naturaleza terapéutica de la música se remonta a la antigüedad milenaria, pero sólo en la medida en que la ciencia del sonido sea mejor conocida en el mundo occidental, podremos acceder a este verdadero e inapreciable tesoro. Ciertos ritmos y melodías son antídotos para las bajas pasiones. Pitágoras consideraba que este poder sugestivo de lo que él llamaba “la música de las esferas” contribuye significativamente a una buena salud física y mental, y permite que el espíritu pueda conectarse con el mundo espiritual. Esta ciencia sagrada fue principal en la academia de Platón, y se llamó acusmática, pero fue desapareciendo a partir de Aristóteles, hasta convertir la música en un simple efecto de complacencia sensorial.

Este artículo fue publicado originalmente en la versión castellana del libro El Ramayana, ha sido reproducido en Academia Tattva con permisos del autor.