La literatura védica: un mundo de conocimiento

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Autor: Śrī Ranga Purī D

Si juntáramos todo lo escrito a lo largo de la historia de la humanidad, las escrituras védicas sobrepasan a aquella literatura en extensión, en diversidad, en pertinencia y sobre todo, en profundidad; de ahí la importancia de su estudio. Henry David Thoreau (1817  – 1862), a quien el propio Mahātmā Gandhi (1869 – 1944) respetaba y aceptaba como su maestro, estaba tan impresionado con el Bhagavad-gītā que dijo:

En ninguna otra parte es el lector elevado o sustanciado en una región de pensamiento más pura o exclusiva. La sanidad y sublimidad del gītā han impresionado las mentes incluso de soldados y mercantes… la religión y filosofía de los hebreos son las de unas tribus más salvajes y rudas, distantes de la sutileza y refinación civil e intelectual de la cultura védica.

Hay un rasgo común entre la vasta riqueza de escritos del lejano oriente, a pesar de la diversidad de idiomas y culturas: la trascendencia como meta de las manifestaciones culturales. Es difícil imaginar un escrito clásico que no tenga un contenido trascendental. Albert Einstein (1879 – 1955) comentó: «Todo lo demás se vuelve superfluo». El trascendentalista Ralph Waldo Emerson (1803 – 1882) sostuvo:

Le debo tanto al Bhagavad-gītā… fue el primero de los libros; fue como si un imperio entero nos hablara, nada diminuto o indigno, sino algo majestuoso, sereno, consistente, la voz de una inteligencia que, en otra época y ambiente, examinó y contestó esas mismas preguntas a las que nos enfrentamos hoy nosotros.

Al referirse al sublime Śrīmad Bhāgavatam el mismo filósofo afirmó: «hay que leerlo de rodillas».

Otras grandes personalidades bebieron del conocimiento védico: Pitágoras, Platón, Da Vinci, Newton, Edison, Kepler, W. Heisenberg, Niels Bohr, Schrodinger, Schiller, Schlegel, Deussen, Jung, Kant, Goethe, Shakespeare, Wagner, Albert Schweitzer, Tolstoi. En América, no solamente Thoreau y Emerson destacan sino también Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Franz Tamayo, Villamil de Rada y José Macedonio Urquidi.

Cuando Einstein y Oppenheimer realizaron la primera prueba de la energía nuclear, hicieron referencia a un texto védico. El conocido investigador Carl Sagan admitió que únicamente los escritos védicos nos han dado la idea de posibilidad de existencia de dimensiones infinitesimales e infinitas, conceptos básicos en el despertar de los conceptos modernos de la física. Otros autores como Franz Tamayo y el revolucionario cibernético Steve Jobs han acreditado la grandeza de Los Vedas. Su contenido es esencialmente holista y a su vez, teísta. De hecho, se hace difícil pensar en alguien que haya despuntado sin nutrirse del Veda.

 

Itihāsa, Mahābhārata y Rāmāyaṇa

La sección védica con contenido histórico se llama Itihāsa y contiene información sobre el inicio del mundo, lo acontecido en el transcurso de las Eras, además de acontecimientos venideros, pues trata del pasado, presente y futuro.

Rāma, Lakṣmaṇa y Hanumān. Imagen créditos B.G. Sharma – bgsharmaart.com
En el Itihāsa se encuentran cientos de tratados, entre los más importantes está el Mahābhārata la mayor obra épica conocida por la humanidad (compuesta por más de cien mil versos), que contiene la historia del planeta, antiguamente llamado Bhārat. Se llamó al Mahābhārata el quinto Veda, porque introdujo las enseñanzas de los Vedas en lenguaje sencillo, de manera comprensible y con ejemplos didácticos de enseñanza. Otro gran Itihāsa es precisamente este Rāmāyaṇa. Hay que notar que La Ilíada tiene más de quince mil líneas y la Odisea unos doce mil, comparados a los cien mil del Mahābhārata. Estas obras griegas en realidad son adaptaciones de las originales en sánscrito. Penélope imita a Sītā y Helena de Troya secuestrada es una Helena ilusoria, al igual que la Sītā raptada en el Rāmāyaṇa.

 

El Bhagavad-gītā y los Upaniṣad
Śrī Kṛṣṇa instruye a Arjuna. Imagen créditos B.G. Sharma – bgsharmaart.com

El profesor R.C. Zaehner  (1913–1974)  de la Universidad de Oxford, comentó: «De los libros sagrados de los hindúes, el Bhagavad-gītā es el más ampliamente leído y probablemente el más importante para entender el misticismo oriental». Bhagavad-gītā significa «la canción del Señor», recoge las palabras textuales Śrī Kṛṣṇa (Dios) y es parte del Mahābhārata, sintetizando el conocimiento más esencial que uno puede adquirir en versos. El estudio del Gītā marca hoy en día el comienzo del estudio y la comprensión de los Vedas. Es también llamado Gitopaniṣad, Upaniṣad literalmente significa «lo que se aprende a los pies del maestro» ya que el propio Bhagavad-gītā afirma que uno debe acercarse a un  maestro espiritual autorrealizado. para comprender la verdad. Los Upaniṣad se caracterizan por dar a conocer enseñanzas profundas expresadas con pocas palabras. En el Bhagavad-gītā Śrī Kṛṣṇa explica a Arjuna cinco temas principales: la naturaleza, el karma, el tiempo, el alma y la Superalma, así como las relaciones e interacciones entre ellos.

 

Vedānta sutra, Śrīmad Bhāgavatam, Purāṇas y Āgama

Vyāsadeva compiló el contenido filosófico de todos los Vedas en un tratado muy completo y complejo llamado Vedānta sutra. Adicionalmente, Vyāsadeva compiló otras historias antiguas conocidas como Purāṇas que son dieciocho en total. El autor agrupó los Purāṇas por cada una de las modalidades de la naturaleza: ignorancia, pasión y bondad. Uno de ellos, el Bhāgavata Purāṇa o Śrīmad Bhāgavatam es considerado como el fruto maduro del árbol de la literatura védica y es la crema de todo el conocimiento en dieciocho mil versos.  Es en realidad una enciclopedia espiritual que trata en forma muy detallada tópicos esenciales, desde la creación y naturaleza del universo, hasta la meta final de la vida, el amor divino. Aunque muchos repiten que Nietzche declaró la muerte de Dios, pocos conocen su expresión: «Yo sólo podría creer en un Dios que sepa danzar». En el Śrīmad Bhāgavatam se describe que Śrī Kṛṣṇa, la Suprema Personalidad de Dios, es un encantador y experto danzarín y que en el mundo espiritual el habla es poesía, el sonido es música y el andar es danzar.

 

El propósito de los Vedas

Estas escrituras védicas proveen del conocimiento material necesario para vivir en este mundo  y el conocimiento espiritual indispensable para alcanzar la autorrealización; de esta manera es posible lograr la paz y felicidad deseadas, además de los medios y métodos para alcan­zar el objetivo más sublime de la vida: el amor puro por Dios. Fernando Diez de Medina que es­tudió a Franz Tamayo y su aproxima­ción a la literatura védica, escribió una obra  llamada «Teogonía Andina» donde demuestra las equivalencias entre nombres sáns­critos y aquellos nativos estableciendo una similitud teológica y lingüística entre la cultura andina y la cultura védica. 

Tamayo además comentó:

El pensamiento del Veda es más grande e inaccesible que el de Buddha. Éste, como Jesús hizo una religión para hombres, aquél para semidioses. Allá es la religión del conocimiento, aquí la religión del amor. Mayor libertad en la una, más fuerza eficaz en la otra… No es tanto la mate­mática pura que dará la última razón a Einstein cuanto los Upaniṣad.

Los tres sustentos de la Verdad

Una aseveración, para ser conside­rada una verdad dentro del estándar védico, tiene que estar sustentada con tres referencias:

Śruti (aquello que fue oido), escrituras que recogen las palabras textuales, vi­bradas directamente de Dios, origina­les del Veda.

Smṛti (aquello que es recordado), son las compilaciones de las almas perfectas que no están sujetas al error y que narran eventos trascendentales. Existen doce autoridades infalibles, conocidas como los mahājana. Ellos son: Brahmā, Nārada, Śiva, Los cuatro kumāra, Kapiladeva, Vaivasvata Manu, Prahlāda Mahārāja, Janaka Mahārāja, Bhīṣmadeva, Balī Mahārāja, Śukadeva Gosvāmī y Yamarā. Existen miles de tratados de éstas enseñanzas perfectas.

Nyāya (la lógica), son las reglas de la lógica. Lo que se conoce como lógica en el estudio del álgebra tiene bases en el nyāya (leyes de deducción, inducción, inferencia, pertenencia, identidad y tautología en general).

Cualquier conocimiento para considerarse védico, requiere de una referencia, al Śruti (conocimiento de las escrituras), al Smṛti (experiencia de aquellas almas autorrealizadas) y finalmente al Nyāya (lógica), puesto que todo tiene que estar en contexto (tiempo, lugar y circunstancia) para que esa afirmación sea válida y razonable. La comprensión y aplicación de los Vedas requiere una vida de rigurosa disciplina y purificación.

Este artículo fue publicado originalmente en la versión castellana del libro El Ramayana, ha sido reproducido en Academia Tattva con permisos del autor.