Yoga y meditación, la psicología del alma

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Autor: Śrī Ranga Purī D

 

Actualmente la palabra yoga se ha popularizado. Pero muy frecuentemente es entendida como algún tipo exótico de gimnasia para la belleza corporal; lo cual es solamente un efecto secundario. Para entenderla a cabalidad debemos remontarnos a su origen. Su raíz en idioma sánscrito es yug, que significa conexión, refiriéndose a la conexión natural y eterna del alma con la Superalma. El alma individual, que es infinitesimal, olvida en este mundo esa relación eterna y por ello el propio Señor se la recuerda mediante mensajes y mensajeros sagrados. El conocimiento del yoga se encuentra en el Bhagavad-gītā, en el cual el propio Sri Kṛṣṇa (Dios), es conocido como la autoridad máxima del yoga y es llamado por ende Yogeśvara «amo del yoga». Allí se encuentran descritos los diferentes métodos para restablecer esta conexión, que son en realidad progresiones que conducen al  restablecimiento de una conexión plena, amorosa con Dios. El prefijo define los diferentes niveles/métodos de yoga. En resumen, Kṛṣṇa describe cuatro tipologías fundamentales: karma-yoga, jñāna-yoga, aṣṭāṅga-yoga y bhakti-yoga.

 

    • Karma-yoga.

      Karma = actividad.
      De la misma forma en que nuestras actividades nos atan a este mundo, también pueden liberarnos. A ello se denomina karma-yoga. Consiste en ofrecer al Supremo nuestras acciones o los resultados de nuestra actividad. Esto significa transformar nuestras actividades en formas de servicio a Dios.

    • Jñāna-yoga.

      Jñāna = conocimiento.
      El conocimiento profundo despierta un apego natural por el Supremo -quien es la fuente primigenia de los Vedas-. El jñāna-yoga es un largo proceso orientado a comprender la trascendencia y puesto que el Señor es ilimitado, el proceso puede llevar varias vidas. Los resultados de esta práctica culminan en la comprensión de que Dios es la causa de todas las causas y de todo lo que existe.

    • Aṣṭāṅga-yoga.

      Aṣṭāṅga= ocho partes.
      El aṣṭāṅga-yoga es el sistema místico de yoga que involucra una disciplina y una templanza rigurosas. Se recomienda un aislamiento total en el bosque para seguir los siguientes ocho pasos:

      • Yama: Restringir las actividades desfavorables que dificultan el autocontrol, mediante cinco principios regulativos: no violencia (ahiṃsā), veracidad (satya), no robar (asteya), celibato (brahmacārya) y no ser codicioso  (aparigraha).
      • Niyama: Realizar actividades favorables, buenos hábitos y otras prácticas espiritualmente propicias. También consta de cinco principios positivos: pureza (śauca), contentamiento (santoṣa), perseverancia (tapas), auto-estudio (svādhyāya) y rendición al Supremo (Īśvarapraṇidhāna).
      • Āsana: Practicar posturas para controlar las funciones corporales y así meditar en Dios. Una postura especial es la flor de loto -o padmāsana para promover la lucidez manteniendo la columna vertebral erguida; siendo la espina dorsal un canal que conduce los nutrientes al cerebro.
      • Prānāyāma: La regulación de la respiración permite controlar el ritmo cardíaco y los niveles energéticos. Prāṇa es el aire vital. La idea es detener las funciones corporales y concentrarse en el ser interior, el alma espiritual.
      • Pratyāhāra: Consiste en retraer los sentidos del mundo exterior. El yogi aparta sus sentidos de los objetos de los sentidos y los dirige a su interior, así como una tortuga retrae su cabeza. Él no ve, no escucha, no huele, no saborea y no toca los objetos materiales.
      • Dhāranā: Es un estado de quietud que se deriva de la práctica anterior donde, no habiendo distracciones, la mente se ha quedado fijamente concentrada.
      • Dhyāna: Meditación o contemplación. El yogi se concentra en la Superalma que reside en el corazón. El yogi medita en la forma, pasatiempos y nombres del Ser Supremo y de esa manera el alma establece contacto con la Superalma.
      • Samādhi: Estado de trance. Considerando el infinito atractivo de la Superalma y el gozo que se deriva de ese contacto, el alma se absorbe en un profundo trance y se transporta al mundo espiritual.

    • Bhakti-yoga.

      Bhakti = amor puro.
      Es el nivel más elevado de conexión. Se da cuando el alma despierta el amor puro por Dios. Sentimiento que se encuentra eternamente en el corazón en estado latente, y que se expresa como servicio devocional. En ese sentido, el bhakti-yoga es la culminación de todos los senderos del yoga, puesto que el amor es la cúspide de toda relación. A su vez, el bhakti se manifiesta en nueve actividades principales, ejemplificadas a través de nueve yogis ejemplares.

Yogis ejemplares

El Śrīmad Bhāgavatam, la joya entre las escrituras védicas, describe ejemplos de bhakti-yogis perfectos como los nombrados a continuación: el rey Parikṣit Mahārāja , quien gobernó este mundo hace cinco mil años, alcanzó la perfección con tan solo oír (śravaṇa) acerca del Supremo de parte del gran sabio Śukadeva Gosvāmī. Este último alcanzó la perfección por hablar (kīrtana) acerca de Dios, repitiendo fielmente el mensaje trascendental tal como lo había oído de su célebre padre Śrīla Vyāsadeva. El niño Prahlāda Mahārāja  logró el éxito por recordar (smaraṇa) constantemente a Dios, siguiendo las instrucciones del gran sabio Nārada Muni. Lakṣmī, la diosa de la fortuna, alcanzó la perfección por servir (pādasevana) los pies de loto del Señor. Pṛthu Mahārāja lo hizo por adorar (arcanā) la forma de la deidad con gran dedicación y atención. Akrūra logró el éxito sólo con ofrecer oraciones (vandana) al Señor. Hanumān logró la perfección por ejecutar las órdenes (dāsya) de Śrī Rāma. Arjuna, el gran guerrero, alcanzó lo mismo por ser un amigo (sakhya) íntimo del Señor. Balī Mahārāja  logró la perfección por rendirse por completo (ātmanivedana), entregándose al Señor en mente, cuerpo y alma.

La práctica de los nueve ítems

Los nueve estándares del servicio devocional o bhakti-yoga pueden adoptarse individualmente o en conjunto. Todo servicio rendido al Absoluto es en sí absoluto. El emperador Ambarīṣa Mahārāja adoptó los nueve ítems. Ambarīṣa ocupó su mente en los pies de loto del Señor, su voz en describir el mundo espiritual, sus manos en limpiar el templo del Señor, sus oídos en escuchar sumisamente Sus mensajes, sus ojos en contemplar las Deidades, su cuerpo en tocar los objetos trascendentales, su olfato en oler las flores ofrecidas al Señor, su lengua en saborear el alimento ofrecido al Señor, sus piernas en visitar el templo del Señor; en suma, toda su energía en ejecutar servicios para el Señor sin el mínimo deseo de complacencia sensorial propia. Por lo tanto, es de suma importancia para el ser humano adoptar estos principios de avance espiritual, como requisito primordial para alcanzar la realización espiritual.

Los grandes maestros explican que al cantar o recitar, de manera automática también se escucha y se recuerda. Por lo que la repetición constante de los Santos Nombres de Dios, realizada con la ayuda de un rosario -o japa mālā-, es una práctica por excelencia de los iniciados.

El yogi perfecto

Después de haber escuchado diversas explicaciones sobre el yoga, Arjuna estaba perplejo porque no comprendía cuál era el yogi perfecto, por lo cual Kṛṣṇa le dijo: «Entre todos los yogis, sin duda, el más avanzado es aquel que piensa constantemente en Mí con un amor dedicado y está siempre ocupado en servirme» (Bhagavad-gītā 6.47). Esto significa que el más elevado de los yogis es quien tiene una conexión más íntima con Dios y su servicio tiene estas características: śraddhā (una convicción inquebrantable y firme), bhajan (un sentimiento profundo de adoración y servicio) y yukta (una absorción y ocupación constante).

Este artículo fue publicado originalmente en la versión castellana del libro El Ramayana, ha sido reproducido en Academia Tattva con permisos del autor.